miércoles, 14 de mayo de 2014

Puerto de Escala. Por Hesnor Rivera

            

            Las apariencias no engañan
menos de lo que puede hacerlo
la controvertida realidad de esta zona.
He tergiversado con amor el problema
en otra edad y otro mundo
-lo dominaban las razas
de los seres maravillosamente inútiles.

            (Los de las manos escarlata
bañadas en el área de sus pesadillas
cultivaban junto a sus asnos el crimen
rasgueando la palidez de arena
de una guitarra en los barrios.
Los de la memoria visible
como el cráter de un cristal subterráneo
tallaban rostros en las piedras
paridas por el sol en el patio
-ardían con un fuego salobre
como el lago que mecía sus casas.
Tú eras bella y reinabas).

            ¿Dónde estaba en realidad la apariencia?
¿dónde la aparente realidad de esta zona?

            Confundido te nombro. Registro
con tu nombre –esa rama de pelambre mágica
grata de ver como el ojo del trueno–
los laberintos del agua.
La encrucijada en círculos del viento.
La elevada cavidad de la llama.
El terreno boca abajo del cielo.

            Pero para este puerto de escala.
Para la ciudad llena de cajas
misteriosas como altares fugaces.
Llena de olores como una bestia en cinta
sólo es posible registrar al tiempo.
tocar y desdoblar sus vestidos
como los de un huésped milagroso
que regresa sin descanso de un viaje.

            Confundido te nombro de memoria
como ante el eco de una montaña íntima.

            Debo evocar muchos días
y  muchas noches de desolación tiradas
sobre el césped que encubría al petróleo.
Hasta en los rincones santísimos
donde las mujeres conjuraban el golpe
de cola de los huracanes sueltos
por el techo crepitante del trópico.
Hasta en los cuartos convertidos en cuevas
para la nostalgia casi ciega
de los antepasados navegantes.
Hasta en el peltre de las escudillas
olía a cabellera de explosivos demonios
-se entretenían en desatar de continuo
todas las tempestades picantes
que caben por ejemplo en la faja
ecuatorial de la cebolla doméstica.

            Pero sobre todo rememoro la selva.
Avanzaba con sigilo. Casi a razón
de un zarpazo vegetal por minuto.
Pugnaba por entrar en la sala
para negociar sus furiosos secretos.
La hoja de la doble puerta y el viento
decapitaban en el alba serpientes
contra el nivel ensangrentado del quicio.

            Tú eras bella y reinabas
-lejos  de las apariencias contrarias
y desde las calamidades celestes
y terrenas de este puerto de escala.

            Tenías por las noches en los ojos nieblas
doradas y altas como los torbellinos
del árbol que ilumina el corazón del océano.
Es todo lo que recuerdo ciertamente
de aquella realidad entre tantas regiones.
(Un alegre visitante vino
A saludarme con la mano torcida.
Bailaba con sagacidad siniestra
meciéndose en la hamaca de la mujer más tímida).

            Es todo lo que recuerdo del combate
por regresar al comienzo del comienzo
de aquel otro comienzo del comienzo perdido
vaya a saber nadie de qué lado
ni hacia cuáles direcciones del tiempo.

            Te desconozco oh! hermosa
temporada del mal y la ternura
-sus llamas arden en la memoria expectante
que evito recobrar y evito
sin embargo deponer del todo
cuando vislumbro la posibilidad
infernal y amada de otros antiguos viajes.

            Te digo ahora –te repito lejos
de aquellos asfixiantes pasillos
para los trenes de la ciudad en marcha
donde rompimos nuestro amor como a un pájaro:
te advierto una vez más que es cierta
la necesidad de una piedra
digna de las mortificaciones
y del sacrificio exigidos
por el goce de la creación nunca vista.

            La piedra de los sacrificios nos llama.
Humea entre nosotros como un lecho encantado
-contradictorio y puro y por lo tanto único.

            (El visitante ríe a mis espaldas.
Entre sus vestidos hace
resonar el secreto del dolor que nos une.
De la desaparición que nos persigue.
Del amor que nos arrastra lejos
de la eternidad cuando entreabre sus luces
y todas sus derivaciones absurdas.
El visitante llora sobre el seno
de la mujer que ahora lo domina
-lo quema por el lado del ala
intempestiva de sus leves miserias).

            Tú eras bella y reinabas.
Debías desnudarte y dar gritos
allá en las cabeceras de la ciudad que amamos.
Fluye hacia mi encuentro. vuelve
y la descubro y hago lo imposible
por reconocer su fidelidad errante.

            Debo otra vez buscarte o no buscarte.
Simplemente retornar al futuro
-en su centro canta en llamas el árbol
de la desolación y el deseo.
En sus alrededores vuelvo a verte
sacrificada y húmeda como saliendo
de un naufragio o como entrando
en los barrios navegantes de antaño.
Vuelvo a verte y sacrifico en vano
sobre la piedra de la memoria el infierno
de nuestra separación más cercana.

            Intento la orientación primaria
de los seres habituados y mansos.
Transito las semejanzas aparentes.
La realidad parecida a mil niveles
de las remembranzas presentidas
y los presentimientos recordados
-se escalonan desordenadamente
como estancando la fluidez de los años.

            En el vaivén sólo es posible el caos
de reconocer lo nunca visto
y extrañar lo descubierto a diario.

            Verbigracia: junto a la miseria
cautivante de este puerto de escala
se podía comprobar sin saberlo
que el lago recién descubierto engordaba.
-El lago extrañamente ordinario
como la geografía de una guitarra hombruna
o la de un navío de caderas anchas.

            La centella era entonces –como ahora
imagino- una piedra bienaventurada
y sin embargo siniestra.
Se colgaba por las alas del vientre
en el techo de la sala sombría.

            Bajo su luz casi infernal comimos
y era excitante ver desaparecer al perro
silbando por la punta del rabo
rígido como el odio de las serpientes.
Bajo su voz dura de palpar llegamos
todos para advertir sin pena
-verdaderamente sin siquiera el asco
de las mortificaciones aprendidas en vano
que la sala fluía mantecosa
incondicional brillante. Y la cama
no era goleta anclada para esperar la huída.
Ni las goletas eran la simple trampa
disparada hacia las tribulaciones
comprensibles de integrar el regreso.

            Porque la muerte en fin –la puerta abierta
a las enfermedades echadas
como gallinas bajo el sol del patio-
andaba aprisa y lejos como dando saltos.
Lejos incluso de su propio recuerdo
mantenido en toda su apariencia de luto
con las manos del hambre.

            El lago recién parido hablaba
de paseos mutuos. De itinerarios
divergentes y todavía mutuos
como las patas y los ojos bífidos
de la hierba do0nde brillan las moscas.
Como el corazón partido de la basura
que nos llama a grandes voces. Nos gritaba
que éramos unos cochinos transeúntes
más que nadie incapaces de tumbarse
patas arriba en el barro.
En sus pliegues desovaron los ángeles
tenebrosos y tímidos –contradictorios
como las fecundas frustraciones.
Empollaban la memoria del trópico.

            La ciudad no era entonces –no existía.
Me daba a la luz y no era como ahora imagino
un juego de muchachos pobres
siempre a merced del rapto heroico
bajo la luna de los barrios enormes.

            La ciudad a que aludo sólo es ésta
donde un día me encontré nacido.
Perfecta o imperfectamente
pero sin duda de improviso
y desde hace tiempo nacido.

            Esta ha sido la ciudad del lago
femenino a medias por lo menos
en su forma y en su fondo colmados
de descomposiciones ardientes.
Reconozco a todas horas el aguaje
pesado del combate entre especies
naturalmente ahogadas de calor en la sombra
-procrean con desolación la semilla
escamosa del recuerdo del sitio.

            La ciudad donde veo por el norte
y por el sur y en el agua el barrio
semejante al árbol de las ropas deshechas.
Semejante a las ruedas cuadradas
del caballo que trajo de repente al marino
de la mano que aserraba a las islas.
La ciudad donde encuentro
nacido a pedacitos el barrio.
Enredada en su parto vino mi soledad
-se adentraba por fuerza hasta el embrujo
del mal olor y el desvelo
que le huelen al vientre como a nidos
y alas de pimienta sumergida en los platos.

            Esta es la ciudad crecida
por oleadas membranosas de arena.
Por capas de papeles y trapos
sueltos como palomas rotas sobre el fuego
de los patios en todas partes nativos.
Esta es la vida –digo: la que hallé metida
entre mis hombros por naturaleza caídos.
Vale decir melancólicos como el porte
de un navío cuadrúpedo en el puerto de escala.

                        Esta es la ciudad en fin del barrio
donde un día me descubrí crecido
como de milagro y en direcciones distintas.
Pero crecido a todas horas
bajo el techo caliente tan amado
por los truenos y los astros en celo.
Crecido sobre el pecho agusanado
de los callejones sin salida.
Bajo el desamparo pegajoso y enorme
de la selva casera que detesto y amo
-que me combate y me adiestra
casi amorosamente en el juego
sin rivales del exterminio por gusto.

            No obstante es necesario un punto
de referencia un poco menos vago
que la simple relación de los hechos.

            Todo concernía entonces a los sucesos
de aquellos días en la oscuridad ardientes.

            Concernía a la degradación
casi hermosa de las circunstancias.
En los zanjones habituados al vuelo
-criptas erizadas de espantos-
latía el corazón de las casas.
Concernía al agua casi siempre entrevista
girando aprisa menos alto que el viento
bajo la forma de macizas tormentas.
Las bestias olorosas a pólvora
recién untada en la herida
se descolgaban por sus propias sombras
a husmear el esplendor del mercado.

            Tú eras bella y tu nombre
sin duda pertenecía a las reinas
-a las transparentes muchachas
que se coloreaban con el halo
endemoniado de asoleadas legumbres.
Las aplastaban sobre los ladrillos
el engranaje métrico del aguardiente
y la proliferación blasfema
sobre la hoguera matinal de los plátanos.
Las evoco radiantes y adornadas
con las guirnaldas del aceite de coco.
Siempre bellas. Siempre a punto
de perpetuar el eslabón perdido de la miseria
mirando el alba y semiahogadas
en los infiernos superficiales del lago.

            Hacía falta arraigar el enigma.
Un adolescente pataleaba en la sangre
que bautizó ciertas calles.
Los delicados asesinos andaban
confrontando sus soledades con otras
-buscaban con fruición a la víctima
para sus fiestas altamente secretas.

            Todo concernía a la demencia
multitudinaria de antaño.
Concernía de manera constante
al ciclo del calor y su enlace
con las migraciones y la muerte.

            No en balde la gente amiga parecía.
Se afanaba en atrancar las puertas
con piedras milenarias y maderos
de alguna forma relativos
a olvidados sacrificios humanos.
Del lado adentro de la casa el bosque
servía lo mismo para atrapar al rayo
que para enloquecer a la mujer amada.

            Los antepasados reposaban
en el abandono del patio.
Cuando se los nombraba muy bajo
parecía comenzar un domingo.
Entre los almendrones se oían campanas.
Bajo la llamarada del rosal salvaje
rezaban las serpientes casi siempre invisibles.

            Se conversaba sobre tempestades.
Sobre apariciones y tesoros ocultos.
Sobre guerras terribles y los héroes
montados a caballo y entre nubes.
Sobre la influencia temporal de la lluvia
en el corazón y sus himnos.

            Se conversaba de la fortaleza
tutelar de las debilidades.

            Confundido te nombro. Reconstruyo
otra edad y otro mundo en este puerto
que hace escala en la zona
de mi desaparición progresiva.

            Tú eras bella y aún reinas.

            Registro una vez más en vano
la realidad no obstante inconfundible
que te rodea –la fabricas tú misma
con una persistencia de deidad arbórea.
De improviso la ocultas. La avientas alto
y florece o llueve como un ramo de eclipses
sobre el misterio de las circunstancias perdidas.

            Eres tu sombra. Eres sólo
tu rastro todavía cálido pero todavía
sin ubicación entre los grandes signos
de su naturaleza aparente. Y me haces
mentir cruelmente sobre el tiempo
fijo en la memoria y sonando
como un día de dos caras sin nexos.

            Miento ahora de verdad en tu nombre.
Cuando te hablo por ejemplo lo hago
como si estuvieras desapareciendo en mis ojos.
Cuando te veo por ejemplo te hallo
como estás ciertamente al alcance
de una simple fracción centesimal
de sucesos absurdos que se infiltran
entre el amor y tu imagen.

            Miedo deliberadamente. Estamos solos
a tal punto que apenas si hace falta
voltear al mundo –darle vuelta al deseo
como a un animal muerto para vernos

y oírnos recordando otros tiempos.

martes, 22 de abril de 2014

Antología poética de César David Rincón



EL INMORTAL


“¡Oh vida de nuestra primavera!
¿Por qué se marchita el loto de las aguas?
¿Por qué se agostan los niños de la primavera
nacidos solamente para sonreír y desfallecer?
Oh doncella, te digo que, cuando desaparezco,
Es para conocer una vida centuplicada de amor,
Paz y santo éxtasis”
William Blake.
El inmortal vuelve limpio de memoria.

Planeta de extensa latitud.

Trae números de órbitas sin dueño.

Busca noble quietud en las terrazas de Dios.

Con su arco de flores y su fuego
abre las puertas donde duerme el amor.

Lámpara en cuyo fondo está el mundo,
y jinetes enlutados sin despertar el tiempo.

Saldremos en silencio para viajar

Anda y vuelve y amuebla las mansiones

Registra tu memoria y encontrarás la plenitud.

Prende a tu amada bajo la brasa de tu boca y recuerda:
quien se arriesga en amor, naufraga,
y todo los transparente nos seduce.

Trata de ser feliz
y vive un día más la vida de los elegidos,
encontrarás la muerte de paso por tu cuerpo
y un pájaro ciego detenido en el vuelo.

La primavera devuelve las rosas

Algo puro siempre regresa.

Bebamos estas copas que nos enloquecen,
Aspiremos este licor y ese campo abierto,
Buscando a alguien que no existe.


Y GUARDO EN LAS NOCHES LAS LÁMPARAS DE SIEMPRE...
Nada disminuye al tiempo ni a las horas deshechas.

La destrucción que inútilmente cubre el viento,
nada sabe de la hierba entre ruinas.

Mudez de piedra rodeada de lo desmedido.

La noche es polvo y da su fruto amargo.

Feroz molino recorre todo lo existente.

Las almas dispersas se reúnen,
hasta las más próximas se alejan,
descubren el insondable río donde regresa la vida.

La pesadumbre es mundo donde respira la llama.

Mira cómo la muerte crece con facilidad de relámpago,
su esplendor de un instante no derrota la sombra...

El vaho de lo oscuro con su bronca blasfemia
baja sin piedad la ceniza del cielo.

No hay hocicos entre las piedras buscando la sed inexistente,
ni camisa de náufrago jugando entre dientes de peces.

Lo que existe es tierra agradecida de pájaros y labios,
marea sin guerreros tendidos en la arena,
muchacha con la imagen rota en sus pupilas.

Todavía duerme el colibrí en el ojo de un ciego.
y sale musgo de esos río donde muere el silencio.

Lo mismo que Adán, sucio de humana condición,
despeñé desde el cuello mi asombro súbdito de sueños.
Colgué de tus labios miel enloquecida.
Derramé luz debajo de tu pelo.
Bañé tus medias con carbón de pestañas.
Dibujé en el corpiño tu pecho de abeja sostenida,
tu manzana redonda como circo de amor.

Te amo ahí contra el sol y los recuerdos.
Torres y vientos.
Semejanza de luna, ceremonias secreta.

Te amo antes del Reino irascible y furtivo.
Todo en ti pierde su instante y resume tu cuerpo.
Sandalia perfumada desatándose a pedazos.
Fruto de túnica y sonido.
Estás dentro, mi cruel hechicera.
Sueño curvado al peso del rocío.
Subiendo más rápida que el pensamiento.
Todo aquello que tu cuerpo aleja
es canto para esa rama dorada.

Miro la seda de Damasco en los pechos de Berenice.
Por dentro estoy soñando.
Y guardo en la noche las lámparas de siempre.


PÁJARO DE LA CERCANÍA

Duermen y despiertan los sueños en el agua,
solamente somos el recuerdo de la lluvia.
Dorada por el fuego y el vino,
un día te miré, pájaro de la cercanía,
espléndida como selva sumergida en el oro,
ventana que sólo vive del amor.

Parecida a la plata
semejante a plumas
así tus vestiduras
tu imagen memoria del espejo.

Sombra del agua sobre el mundo,
sabes correr descalza sobre la arena transparente
bajo el oso de la luna en un pequeño circo de amor.

Siento respirar olvido detrás de tus ojos,
pero hay mares que te ocultan.

Yo sé que tus labios desvanecen las rosas.

Tu desnudez pensativa en un golpe de cielo.

Profunda es la tierra por donde rondan mis ansias,
cada silencio tuyo es cielo por encima de la altura,
corola fluyendo hacia la muerte.
Música de lenta nube, claridad tan suave.
Cometa que detiene la noche,
tierra mojada de pájaros.


COLUMPIO DE LA NOCHE

De repente el sueño es un bosque
y levanta un viento de canela.

Flor blanca que sólo viniste a dormir,
corola que sólo sabe de amor,
déjame llenarte de campanas
y así tu canto quedará en el aire
tejiendo aromas de color de fuego.

Si alguien todo lo quema yo te amo.

Por no conocer a solas los abismos,
has cruzado esos mares sin jamás;
esos trenes con algo de lámparas en la noche
y esas horas perdidas en la luna del alma.

Pues vienes a dormir silenciosa,
sobre hierba de agua con temblor.
No sé de qué pétalos está hecha tu claridad
Y si estás allí en mi sangre
Como una permanencia edificada para amar.

No apartes tus caderas en forma de escudo.
No dejes que me pierda
Hazme bebida para caer en tus tazas.

Llévame en tus sandalias.
Acerca tus cabellos partidos en dos.
Tu cabellera de lino fino.

Vuélveme bebedor de la noche o explorador de la seda
Reina de las hadas,
columpio de a noche.

Diosa del trono de oro:
¡No me des paraíso!

(De Columpio de la Noche - 1974)


MÁSCARAS

I
Por la casa a solas el vuelo más hondo
Al otro lado respira un patio inexistente
Sin alma el viento consume piedras
En lluvia se divide
Y hace oscura gárgola del agua
Terrible cruza sin candiles
El hondo jinete ensombrecido
Truena la noche amolando cuchillos del Perú.

II
Máscaras amargas, vosotras que me amabais,
de amor mirando tan de lleno el oro
tengan al final la nada de sí mismas
y abandonadas al actor sin suerte
queden así frente a la escena
hasta seguir mirando tan de lleno el oro.

III
Es posible caminante el cántaro vacío
Aljibe hechizado en tierra seca.
Pero antes, cómo pasa la lluvia
con ventaja de otras relaciones:
Las horas del cielo en nuestra sangre
El soplo del futuro ante nosotros
La prisa de una rosa
Y nuestro andar a solas de improviso.


ENIGMA

A Hesnor Rivera

Desde luego jamás
danzarían sobre siempre ante los ojos
como monedas de fuego atesoradas
junto a espejos que se cubren
de manera diferente cada vez
cuando es vano inventar música y salterio.

Se sostendría inexpresable esa pareja
en la playa donde acaso alguna vez amaron
hasta volver silencio la figura,
no siempre ingrávido su cuerpo es otro cuerpo
ni temblorosa sustancia devuelve
el audaz movimiento en despedida.
Suelta esbeltez de un arco hace el enigma.


CÁNTICO DE LABIOS
...amar es tránsito
y descenso...


¿No sabes amor, que nuestros corceles, abrevan?
Manda tus cerezos al fondo donde embriaguen
Y abre las puertas
Sin temor al viejo invierno.

Trae vinos y doncellas para viajar
hacia un lugar de flores
donde el calor sacuda al cuerpo
como si el aire fuera hembra.

Todo consiste en llegar dando brillo a las hojas
enceguecidas por las piedras con que juega el sol
sintiendo crecer la música como árbol de aromas.

En esa danza sin edad ni fondo
no hay término frenético de abismos.
Todo se hunde en ese pelo a oscuras
donde rasgas la boca para buscar licor.

Mezcle aliento la voz.

Anégate a ese cuerpo
y purifícate.

Anda y observa ahora
cómo desaparece y vuelve
embrujada sobre los patios.

Los tigres beben esos ojos
y van por llamas incendiando casas
persiguen al viento como a río crecido.

¿No sabes, amor, que nuestros corceles abrevan?


FÁBULA
A Laurencio Sánchez Palomares

Casamontes celador de conejos
Trampa de astros
Buscas trenes y sales gris de luna
Maneras tuyas silvestre príncipe
Bosque donde crece la fábula
Cundiamores en medio de tu flora
Nubes muy blancas desvelan al aire
y tus lámparas mueren en algún lugar.

Invocas pan a toso los mendigos
Jícaras de barro para encantar las flores
Vuelves a tus montañas de peña azul
A tu casa de Escuque donde animales mansos
Beben agua en tinajas oscuras.

Julio Helvecio cuenta largas historias
Árboles fríos desde la copa de un Dios
Su silencio como de flor bermeja
Y canto de pájaros al volar
En puertas rosas y verano
Un postigo de mármol bajo lluvia.

Y a sombrearse las colinas
Hasta incendiarnos de agua.

El de habla florida trajo pétalos
Vuelve la vista y tanto más lejos
Quebranta nuestro olvido
El desvelado corre persiguiendo la luna
La mansedumbre hecha de raíces jóvenes
Julio Helvecio habla del que se fue a las estrellas
Y el abuelo regresa de los altos jardines
Derribando esa hora cuando las ánimas
Convocan a la muerte
Allí donde caíste, miel del mundo,
Sin abejas ni flores...
partías hacia todos los relámpagos.


CUERPO

Templo cuerpo espíritu del aire
Transparentes esencias tiempo de gracia
Belleza inicial reflejo sin ganas
Transición de pájaros adonde llegan rumores
Primero el sueño cae a la vista
Viaje inmóvil del canto
Parábola admirable rebosando niñez.
Afán de un Dios cuyas ondas emergen
Increados de morir mientras sople la vida.

Salvo una flor de envejecer
Un poco de miel
Ondulada y fresca por tus barbas
Acompasa tu voz desde la huerta
Viajero mortal como azucenas
Sabor fantástico del viaje
Ciudadela secreta
Y el mar fugaz en su misterio
Eternidad del musgo hacia las algas
Mudas alondras silencios de esos fondos
Alabastros de un delirio
Nombres añosos
Solitario león de Babilonia
Quebranto submarino cuando todos inician el regreso.

La piedra el fuego el mar la nube
Queda el acre como rubio pastor
Ahogando en sol su sílaba sangrienta.

(De El Viento sólo vino a Viajar - 1982)


INESPERADA PRESENCIA
Doble vida de objetos coloreados
Para que maneje sus distancias

Resurgencias de seres en intercambio secreto
Sentido de la imagen
Color en el espacio

Laberinto de formas
Cuando alcanzan fluideces

Afinando victoria
Como caballos blancos verdeazules
Una mañana quieta
Frente a frente cielo y tierra.


VOLCADA SANGRE
de su tiempo
Conduce miradas
Hacia cielos de equilibrio
Sigila umbrales y despereza
Recobra luz
De tanta duración ahonda los rápidos hilos
Con límite y cuerpo del enigma
Oquedal de nacer y morir
En nuestro aliento imposible
Y hacia límites más vastos desbordamos.


CÓSMICO SEGMENTO
convencional medida
Tiempo estructural del universo
Flujo físico sin principio ni fin
Acaecer individual
Brevísima experiencia
Casero temporal calles y colmados
Irremediable finitud
Calendario de una sola certeza
Las Moiras tejen nuestra suerte mortal
Y el destino no es un mito antiguo

Todo comienzo anterior a las tinieblas
Vuelve oculto en orfandad
Mutismo entre el hombre y su órbita oscilante.

(De Utensilios del Anhelo - 1982)


Hendida por el aire la pared sopla salitre
ruinosa yergue su opaco bostezo
a donde a ratos medran la muerte y la ceniza
Late un lento vivir de piedras y pozo
las horas desmoronan su destino
al peso del vacío que vislumbra

Todo demora: el hombre y su gemido
hacia la nada inexorable van
reflejo de hiel desde este grito
mudas fronteras en fuga
alegran la sombra del paraíso en agonía
donde a su vera duerme la hermosura
y el infinito desangra y jadea soledades.


FIDELIDAD
Cada día los ojos de los ángeles
Abren agujeros al cielo
Fieles a una carne nostálgica
Aún en horas alumbradas por la muerte.


Y YA NO ESTÁLA NOSTALGIA
Los cantos hacen vacilar nostalgias
Se desploman sobre la ciudad
En hoteles donde se juega el mundo
De todas partes acuden abiertos al canto

Hay nostalgias que suenan para volver a caer
Luego siguen en las islas afortunadas

Hay manglares irascibles aullando
Y se abanican las jóvenes como serpientes lujosas

Oímos crecer la hierba sin hacer ruido
Vemos elevarse y volver a elevarse el balancín formidable
Luego el canto vuelve hacia sus largas defensas
Se música se libra en las malezas
Todo el mundo está en el puente por todos lados
Descubre a la vez cien direcciones en la canción venturosa
Un taladro se perfila en movimientos lentos sobre la playa
El sol perfora ese islote de pájaros
Totalmente ocupados en atrapar los peces
¡Alcatraces del trópico y el deslumbrante sol!
Historias de brujos frente al fogón
abandonado por una pala de grúa
El gasómetro destila dragas con tortugas
el petróleo cambia una colonia de iguanas
Nadie sabe explicar las exclusas perforadas
Ni diamantes al mismo paso en el fondo del lago
A toda velocidad hacen tiempo fiscal
Y alrededor del ojo tienen miedo los buzos
Ya no está la nostalgia
sólo vegetación en un campo salvaje
y el aceite por un mar todavía inconcluso

En la rada se izan banderas
La amarilla para llamar al oro
La azul para solicitar el cielo
La roja para cantar la aduana
El sol golpea sobre los ferrys que van y vienen
Y ya no está la nostalgia
ni en los malecones esa extraña piragua.


POR QUÉ CUELGAS EN MEDIO DEL GEMIDO
Por qué cuelgas en medio del gemido
Y del canto roto sin espejos
Y del dolor salobre bebemos
Y bestias comidas por el trueno
Arrancan
La vida mezclada con la noche
El alma hecha llamas
Por grandes ritos conducida
¿Quién abre las puertas sagradas?
¿Y qué vértigo comienza bajo la madrugada?
¿Qué tigres con ira devoran memoria?
¿Por qué ocultan saetas deseos despiertos?
¿Por cuál lengua respira el terror?
Sólo aquel que subió con los muertos
No volverá a perder su elogio infinito:
«La amapola que ellos posee
El más leve de los sonidos
Y hasta la última sílaba del tiempo cumplido»
¡Cascada ardiente sobre tierra sin edad!
¡Jardín de espejos sin conocer el sueño!

(De Azar Inconstante - 1991)


ESTAMOS EN LA PUNTA DEL TIEMPO

Estamos en la punta del tiempo que comienza, recomienza y vuelve
a comenzar en la tirada de unos naipes misteriosos.
Todo puede sacudir levemente al verdugo o al payaso.
En el palacio se adivinan infinitas posibilidades.
Los juguetes chinos se truecan en dragón, en estrella o en una simple flor.
Un atleta toma el disco de la luna y se redondea un jardín.
El colibrí regresa de largas navegaciones y pone un punto final: sobre
el agua dulcísimo chispea como un diamante.

La pasión del pensamiento es invisible, semeja lo inmutable.
Todo lo visible cambia y nada permanece!

Noble y pura, envuelta en pliegues de perfiles finísimos, sube y
asciende, la dulce pintura de un pueblo de faraones invisible.
Fantasmas transparentes; libre de honores y de gloria, son nuevos
en su paz y en sus campos.
Maestros de ofrendas, ya estáis en la Ruta a los dos ojos del Cielo!


DEJADME PIEL DESVANECIDA

No hay sitio para la realidad que consume;
no más sol, ni viento, ni verano!
Sólo la noche y los ojos atisban esa ausencia
¿En qué lugar bulle la ilusión de estar en el mundo?
¿Hacia cuál delicia oculta se abren los besos?
¿Dime? ¿Viene la gran noche salada para abrazar nuestros cuerpos?

Sólo podemos adivinar lo que no era la vida.
Simulacros de ceremonias donde jamás estuvimos.
La memoria ciñéndonos su pelambre en exilio.
El abierto futuro escindiendo la trama.
Ni lagos, ni lunas, apenas nieblas afuera…

La desnudez con increíble ternura
Endiosa aquel sexo
Y respira los últimos latidos que bebe su piel.


EBRIEDAD DEL AMOR

Descubro pájaros volando por tus sueños
Tu corazón de lámparas
Derrama la noche hacia tus hombros
¿Soñarte así increíble
es acaso modelarte más intacta?
¿Dónde estás dando sombra a otra sombra?
Tu alma tiembla en el agua
Y canto sobre una estrella nueva
El más bello canto de amor.

Tu mirada vuelta hacia la playa
Crece con olas de silencio
Y se nubla
Buscando flores sin ganas.
Qué alegría vivir
Con los ojos muy lejos y tus labios
Abriéndose al deseo.

Tan desprendidamente ebrio
Por esas manos que no alcanzo
“En el puro estar sin sucesión”.


AL OTRO LADO DEL MUNDO

En el pasado las noches gravitan
Sobre tu corazón.
Ayer, mañana, son apenas tan lejanos
Que tocan claramente el origen.
París, y es primavera con tus besos,
Los trenes entre brumas,
El taxi y el hotel donde conocí tu cuerpo largamente,
Todavía danza el semáforo bajo la lluvia
Nos despedimos con una sed de encuentros que nos une.
No te olvides de esta piel para seguir naciendo, dijiste.
Vamos juntos en los meses que vuelven, dije.
Pero duermes al otro lado del mundo
Sin más fragancia que tus piernas largas y veloces.
Te siento latir en los abismos
Como si estuvieras allí con tu llama,
Con tus pequeños pechos y tu pelo oloroso.
Cierta música fluye ojival
Desde tu sexo sin freno,
Oscuridad centelleante más allá de tu vientre.
En horas de vino y remembranzas
Ya no parece cálido ese fuego
Y quizá ni ocupe instante alguno de tu vida
O quisieras ocultar por razones de pudor
Peripecias inconfesables, en parís, bajo el reloj del andén
Pon el oído como caracol de tierra
Al otro lado del mundo
Oye cómo el viento quema las campanas
Siente cómo recobra el náufrago su memoria
Y verás que no hay espacio para el olvido.


(De La Luna de las Demoliciones - 1993)